Hablar de postres y no mencionar el tiramisú es casi imposible. Hay algo en él que nos atrapa desde la primera cucharada: esa mezcla cremosa, el aroma inconfundible del café y el toque final de cacao que lo corona todo. El tiramisú no solo se come, se disfruta con calma, y quizá por eso se ha convertido en uno de los postres más queridos del mundo.
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Su historia, como la de muchas recetas tradicionales, tiene un punto de misterio y encanto. Aunque hoy es famoso en todo el planeta, se cree que nació en Italia, concretamente en la región del Véneto, en Treviso, durante la segunda mitad del siglo XX. En aquel entonces, era un postre sencillo, preparado en casa más que en restaurantes, pensado para reconfortar y dar energía: de hecho, su nombre, tirami su, significa literalmente “levántame” o “anímame”.

Imagina a las familias italianas después de una larga comida, sirviendo esta delicia ligera y dulce que, además del sabor, daba un pequeño empujón gracias al café y al azúcar.

Con el tiempo, el tiramisú empezó a viajar fuera de Italia y a aparecer en cartas de restaurantes, pero siempre conservando ese espíritu casero que lo hace tan especial. Lo interesante es que, pese a su fama, nunca fue un postre pretencioso; nació de la necesidad de algo delicioso, fácil de preparar y capaz de sacar una sonrisa. Esa combinación de sencillez y sabor exquisito es probablemente lo que ha hecho que se gane los corazones de tanta gente alrededor del mundo.

El tiramisú gusta porque es equilibrado, porque no empalaga, porque es cremoso sin ser pesado y porque cada bocado combina sabores que parecen hechos el uno para el otro. Además, es increíblemente versátil: admite versiones clásicas, con licor, con chocolate, con frutas o adaptaciones más modernas, pero siempre mantiene su esencia.

Quizá por eso el tiramisú nunca pasa de moda. Da igual cuántas tendencias nuevas aparezcan en la repostería, siempre hay un hueco para él. Es un postre que nos recuerda a sobremesas largas, a comidas especiales y a esos momentos en los que un dulce sencillo puede alegrarnos el día. Y al final, eso es justo lo que promete desde su nombre: levantarnos el ánimo cucharada a cucharada.
Si te gusta esta receta, tienes que ir a ver nuestro tiramisú de limón, una reinterpretación de un clásico!

Ingredients
Method
- Colocar agua en una olla pequeña y llevar a hervir a fuego alto. Aparte, en un bol resistente al calor, mezclar las yemas con el azúcar blanco usando un batidor de globo. Colocar el bol sobre la olla con agua hirviendo, sin que toque el agua, y cocinar la mezcla a baño María durante 4 minutos, batiendo constantemente, hasta que se aclare y espese. Retirar del fuego y reservar.
- En un bol grande, agregar el queso mascarpone con el azúcar glass y la sal y batir con una batidora eléctrica durante 1 minuto, para que se suavice. Incorporar la mezcla de yemas y seguir batiendo por 2 minutos más, hasta lograr una mezcla suave y homogénea.
- Añadir la crema para batir y batir durante 2-3 minutos, hasta que se formen picos ligeramente firmes. Es importante no sobrebatir, ya que la mezcla podría cortarse. Reservar en el refrigerador hasta el momento de usar.
- Colocar el agua con el azúcar en una olla pequeña y llevarla a fuego medio durante unos 4 minutos, hasta que el azúcar se disuelva y se forme un jarabe ligero.
- Verter el jarabe a un bol resistente al calor y, mientras todavía esté caliente, añadir el café soluble. Mezclar bien con una cuchara y dejar enfriar por completo antes de agregar el ron o el licor que se prefiera.
- Se usará un molde hondo rectangular de 30 cm x 20 cm aproximadamente que no sea de metal. Puede ser de vidrio, plástico o cerámica.
- Sumergir un tercio de las galletas soletas en el jarabe de café una por una, para después colocarlas en filas apretadas dentro del molde y formar la primera capa del tiramisú. Agregar encima un tercio del relleno y esparcirlo de manera uniforme con una espátula offset para que cubra toda la capa de galletas.
- Repetir los pasos anteriores dos veces más para formar tres capas de galletas y de relleno. Una vez que el tiramisú esté armado, cubrirlo con film de cocina y refrigerar por al menos 4 horas o toda la noche de preferencia.
- Cuando el tiramisú se haya refrigerado y justo antes de servir, espolvorear por encima con cocoa en polvo. Servir acompañado con fresas u otro fruto rojo si se desea y listo.
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